¿COMER SANO ES CARO?

Una idea ampliamente extendida en nuestra sociedad es aquella que asegura que comer sano es más caro o costoso, económicamente hablando, que hacerlo de una manera menos adecuada o saludable. La razón por la que muchos declaran no poder seguir una alimentación o dieta conveniente se basa en que los alimentos sanos son bastante más caros que sus análogos menos beneficiosos. ¿Es esto cierto? ¿Existe una diferencia tan grande entre clases sociales a la hora de alimentarse? En la entrega de hoy trataremos todo lo concerniente a este controvertido asunto así como daremos unas pautas para intentar llevar una dieta sana aún con bajo presupuesto.

 

CLASES SOCIALES Y ALIMENTACIÓN

Es un hecho bien documentado que los individuos pertenecientes a las clases sociales menos favorecidas y con menor poder económico presentan los mayores niveles de sobrepeso y obesidad de la población occidental. En los países desarrollados, las personas con menos poder adquisitivo, lejos de estar desnutridas, son las que mayor prevalencia de enfermedades modernas suelen mostrar.

Un suceso que se justifica con los bajos precios de los productos procesados poco o nada saludables y las habitualmente altas tarifas de aquellos otros alimentos de buena calidad nutricional.

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Un estudio del American Journal of clinical nutrition confirma que los alimentos ricos en azúcares y harinas refinadas son más accesibles económicamente que las verduras, hortalizas y frutas. Circunstancia que apoyaría la recientemente expuesta idea de que los sujetos con menor capital consumirían una dieta de menor densidad nutricional (estudio).

Además, no solo este comentado estudio sino que varias revisiones corroboran como el alto coste de los alimentos de calidad resultaría un elemento determinante en las decisiones de todas aquellas personas más desfavorecidas a la hora de realizar la compra semanal (revisión, revisión).

Sin embargo, lo que generalmente se suele obviar es que una baja posición en la escala socioeconómica no solamente conllevará menos ingresos sino una menor educación o nivel cultural. Un factor con bastante mayor importancia a la hora de elegir que alimentos incorporar a nuestra despensa.

 

EDUCACIÓN NUTRICIONAL

Sin querer restar importancia al concepto de que un menor nivel de ingresos se relaciona con una peor salud en general, considero mayormente importante el criterio de que una mejor educación y conocimiento nutricional supondrá un factor decisivo de cara a llevar unos hábitos de  alimentación saludables.

Sin duda, el dinero es un condicionante cuando vamos a comprar al mercado pero nuestro nivel de sabiduría relacionado con la nutrición lo será todavía más. Una mayor educación nutricional nos permitirá efectuar elecciones más saludables en torno a la nutrición y estilo de vida en general.

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Prueba de esto último encontramos casos de individuos con escasos recursos a los que les ha llegado una suma de dinero “sin habérselo ganado” (como una herencia) y este acontecimiento no ha sido respaldado con una mejora en su salud. Es más, lejos de perder peso, su nuevo poder económico les ha conllevado un claro empeoramiento en su composición corporal (detalle).

Por ello, se podría afirmar que la formación o educación a nivel nutricional será una variable mayormente importante a la hora de alimentarnos correctamente, en comparación al agente puramente socioeconómico. Aunque, por desgracia, ambos suelen ir unidos.

Así pues, con el objetivo de enriquecer tu educación nutricional a la hora de comprar, a continuación te ofrezco unas directrices para llevar una alimentación saludable aún con bajo presupuesto

 

DIETA SALUDABLE CON BAJO PRESUPUESTO

No negamos que aquellos productos de pobre calidad nutricional sean más baratos o accesibles que sus antagonistas de buen perfil dietético. Lamentablemente, hoy en día es fácil encontrar grandes paquetes de cereales, galletas, bollería y snacks a precios irrisorios y lo que es peor con lejanas fechas de caducidad que les permitirán mantenerse comestibles durante largos periodos de tiempo.

En contraposición a los procesados, encontramos a la comida real o de buena calidad nutricional, mayormente perecedera en el tiempo y con precios generalmente mayores. No obstante, con la comentada educación o conocimiento en este ámbito podremos tomar las mejores decisiones en la relación calidad/precio:

 

  • VEGETALES DE TEMPORADA:

Puede que ya supieras que consumir vegetales de temporada resulta más sostenible y barato desde un punto de vista económico. Sin embargo, estoy seguro de que la mayoría de nosotros no tenemos demasiado claro cuáles son exactamente las verduras y frutas que se consumen en esta temporada específica del año.

Así pues, te recomiendo imprimir una hoja con todas aquellas verduras, hortalizas y frutas que deberían comerse en cada época o estación. Además, su perfil nutricional seguramente sea más completo cuando éstas se encuentren en su ciclo natural. Por no decir que estarás contribuyendo activamente a la sostenibilidad medio-ambiental.

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En sintonía al consumo de vegetales de temporada para nuestro beneficio económico, te aviso también que los supermercados suelen poner una sección de vegetales “feos” o poco atractivos a un menor precio (con el mismo poder nutricional aunque resulten menos estéticos).

Asimismo, las fruterías suelen bajar los precios de la fruta a última hora de la tarde antes de cerrar a modo de vender aquellas piezas que ya se encuentren suficientemente maduras.

 

  • COME ORGANOS:

La carne de calidad es un alimento costoso, no nos vamos a engañar. El precio por kilo de cualquier corte de carne magro supera con creces al coste de cualquier otro alimento. El problema es que en nuestra cultura occidental sólo concebimos como carne al tejido muscular del animal. Olvidando así que deberíamos aprovechar todas sus partes.

Los órganos son las fracciones del animal que superan en nutrición a la tan demandada pieza muscular. Vísceras como hígado, corazón o riñón contienen una mayor cantidad de vitaminas y un deseable balance entre aminoácidos (ladrillos que constituyen las proteínas) sobre todo a nivel de glicina y metionina.

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Lo mejor de todo es que los órganos y partes menos nobles del animal se venden a un precio asumible por todos. Es más, en algunas carnicerías incluso suelen regalarlos. No pienses que la carne se reduce sólo a la pechuga de pollo y el filete de ternera.

 

  • PESCADOS DE TEMPORADA:

Los pescados deberían ser parte protagonista de toda alimentación saludable. Su consumo nos aporta el necesario omega 3 (grasa esencial que nuestro organismo no puede sintetizar) así como proteínas, vitaminas y minerales de calidad. También es verdad que estos alimentos son de los más costosos del supermercado.

No obstante, al igual que sucedía con los vegetales, los pescados también resultan una opción más barata cuando éstos se encuentran en temporada. Cada pescado tiene una época del año en la cual su pesca es posible y sostenible. Lo que también contribuye a que su precio sea más competitivo en ese periodo concreto de tiempo.

Si no sabes que pescado esta de temporada en este momento no dudes en consultarlo y beneficiarte de este interesante conocimiento. Algo similar sucede con los mariscos.

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Además, peces como anchoa, caballa, chicharro, lirio o sardina son mayormente económicos dada su menor demanda al presentar más espinas. Si estas no te suponen un problema puedes adquirir estos asequibles pescados.

 

  • HUEVOS:

Ya hemos hablado en otras ocasiones del potencial nutricional que nos aporta el todoterreno huevo. Uno de los alimentos más completos que existen en el mundo, rico en proteínas de gran calidad, ácidos grasos poliinsaturados y saturados, minerales, vitaminas A y del grupo B… Su proporción de colesterol, aunque es considerablemente alta, se ha demostrado que no afecta tanto al colesterol endógeno y menos al riesgo cardiovascular (estudio, estudio, estudio).

Asimismo, también sabemos que su consumo diario no acarreará ningún problema. Incluso podríamos consumir hasta más de una docena de huevos por semana. Testado en individuos con diabetes y sobrepeso (estudio).

Lo increíble pero cierto es que su precio resulta suficientemente asequible para todos. Eso sí, aquellos huevos provenientes de gallinas camperas (mayormente saludables) serán algo más costosos.

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  • ALMIDONES SIN PROCESAR:

No hay nada de malo en incluir carbohidratos en nuestra dieta, siempre y cuando estos procedan de fuentes mayormente saludables y lo menos procesadas posibles. Por ello, el hecho de consumir almidones provenientes de tubérculos,  cereales como arroz o avena y de legumbres será totalmente aceptable. Estas últimas nos aportarán además una fuente interesante de proteína.

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De nuevo, se trata de alimentos más que económicos e incluso mejor posicionados económicamente en comparación a sus variantes procesadas como galletas, panes, harinas y pastas.

 

  • MÁS MERCADO, MENOS SUPERMERCADO:

Una frase más que repetida en el entorno de la nutrición es aquella que dice “más mercado y menos supermercado”. Un planteamiento totalmente útil si deseamos alimentarnos mejor y de forma más sostenible y barata.

En el mercado, los alimentos se suelen encontrar generalmente a un menor coste y así nos ahorramos la exposición a otros productos procesados poco o nada recomendables frecuentes en los supermercados de las grandes superficies.

 

LA SALUD NO ES SOLO COMER BIEN

Si bien la alimentación toma una posición decisiva en nuestra salud, no es la única variable de la ecuación ni mucho menos. Otros hábitos mismamente saludables y necesarios como el ejercicio físico, el descanso y la exposición solar deberán ser igualmente tenidos en consideración.  Tres factores que paradójicamente resultan ser gratuitos.

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Un asunto nada sencillo de abordar y que seguro seguiremos retomando en próximas ocasiones. Espero haber aportado algo de luz y que utilices estos conocimientos en beneficio de tu bolsillo y salud.

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2 comentarios sobre “¿COMER SANO ES CARO?

  1. Me ha gustado mucho tu artículo.
    Estoy de cuerdo en que comer sano no es caro. Además en el caso de las vísceras y despojos, hay recetas especialmente sabrosas.
    También podemos incluir setas (champiñones, de cardo, boletus,etc…) y los vegetales del mar, llenos de minerales que hoy en día para los que no tenemos la suerte de vivir cerca del mar como tu, los podemos adquirir desecados en centros comerciales y añadirlos (por ejemplo en forma de polvo) a ensaladas, sopas, etc o cocidos después de haberlos hidratado.
    Gracias por tu trabajo, en este campo y en el del ejercicio físico.

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